Esclava de ti
Capitulo 1
-! Maldita sea mama ¡- tenía que razonar con ella- no puedes
ir a trabajar estas enferma, yo iré.
Había echo lo correcto, la cara de alivio de mi madre era su
respuesta, se quedaría en casa, recuperándose de la pierna rota mientras yo
ocupaba su lugar en el único trabajo que me había negado a realizar toda mi
vida.
Me lo había jurado a mí misma, por eso me había esforzado en
la universidad para sacar la carrera y ahora lo tenía ante mí, la digna tarea
de limpiar apartamentos.
La crisis había sido la causante de que estuviese aún en casa
de mis padres sin trabajo y con un titulo bajo el brazo, y mi culpa el que mi
madre se hubiese roto la pierna después que mi perro hubiese mojado el suelo.
Una relación de acontecimientos me había llevado a verme en
esta situación, de camino a una urbanización de lujo para servir a las personas
que mas odiaba en este mundo, los ricos. Los odiaba y envidiaba no lo tenía muy
claro en mi cabeza.
Una lista rigurosa y detallada de mi trabajo para aquel día me
tendría ocupada al menos por dos horas de mi patética vida. Pero al pasa pasar
el umbral de aquella casa totalmente blanca supe que sería muchas, muchas más.
De aquí para allá como un pollo sin cabeza, intentado no
romper nada y dejarlo todo prístino, estaba concentrada en mi tarea hasta que
le vi. Sonriente con un trofeo en sus fuertes brazos, el Sr. Burken me miraba
con sus ojos verde menta.
Me dio un sofoco, desde luego no pensaba que el jefe de mi
madre sería así, yo esperaba un venerable anciano y no un Dios del SEXO en le
letras y luminosas en la frente.
Me desinfle un poco al pensar que podía ser una foto antigua
pero la copa decía claramente 2005, no se puede envejecer mucho en tan pocos años
¿verdad?, plegaría mental a los dioses.
Tenía el cabello rubio platino largo y liso, un cuerpo de
culturista que era totalmente de infarto, su piel dorada y con una sonrisa
blanca y llena de orgullo.
Ya no podía pensar con claridad, ya todo dejaba de tener
sentido, estos platos que limpiaba eran donde el había comido, su cama... su
cama donde dormía... así pase cuatro horas pensando en él. Hasta que encontré
su cajón de los trofeos, estaba lleno de bragas, de todos los tamaños y
colores. Una cólera silenciosa se apodero de mí, lo odie.
Enfadada y sudorosa y decidí vengarme de él dándome una ducha
con uno de los geles mas exclusivos que encontré en su ducha. Pero ahí murió mi
atrevimiento el baño me lo daría en el cuarto de servicio que estaba en el sótano.
* * *
Un viaje totalmente agotador, pero había valido la pena, el
contrato había cerrado por otro dos años. Ser el ama de cría de aquellos
chicos, no era el sueño que había perseguido cuando se había matado a entrenar
cuando era joven. Pero eso es lo que era ahora. Al menos podía ayudarles para
que no cometiesen los mismos errores que yo había cometido.
Me hacía sentirme viejo el dolor de mis huesos, esa juventud
con todo el futuro por delante de aquellos chicos. Estaba cansado del viaje, lo
mejor sería que llamase a una de mis amigas más complacientes para hacerme
compañía en aquella noche, en la que me sentía abatido.
La voz de una mujer cantando que nunca antes había escuchado,
llego a mis oídos como una llamada de sirena, hasta que a mi cerebro lleno de
feromonas se enfrió al comprender que tenía que tratarse de Rosa. No me apetecía
encontrarme con ella en estos momentos pero era inevitable era el único acceso
desde el garaje hasta la casa.
Lo que no esperaba encontrar cuando mire dentro de la
habitación es a una chica absolutamente hermosa dándose una ducha caliente. Su
piel sonrosada chorreando agua caliente, sus ojos cerrados y cantando con una
boca sensual y llena.
No podía dejar de mirarla mi corazón dejo de latir, otra parte
de mi anatomía comenzó a palpitar de una forma dura y dolorosa tomando su
lugar.
No recordaba cuando me había sentido así, quizás en la adolescencia.
Hacía mucho tiempo que no me tenía que esforzar para conseguir a ninguna chica.
Y en ese momento sabía que esa mujer que estaba mojada y caliente me iba a dar
mucha guerra y yo me sentía vivo ante perspectiva de conseguirla y hacerla mía.
Esta pequeña chica rubia había despertado mi lado salvaje,
tuve que agarrarme fuertemente en el marco de la puerta para no arrancarme la
ropa y unirme a ella.
* * *
Un latido y supe que había alguien observándome, una imagen de
sicosis se me presento claramente ante mí. Abrí mis ojos para descubrir al Dios
del sexo mirándome con sus ardientes ojos verdes.
-! OH ¡- no podía moverme ni hablar.
Era enorme por lo menos dos metros por cuatro de ancho. Un
poco mas maduro que en la fotografía que había visto pero mucho mas atractivo.
Dio un paso hacia mi me hundí en el fondo de la ducha asustada.
Se paso una mano por la cara, sin mirarme.
- La espero arriba señorita.